La salud dental de nuestros hijos II

¿Qué se necesita para una buena higiene?

Los padres suelen preguntar si es mejor que el niño utilice cepillo eléctrico o manual. El resultado es el mismo cuando se hace una buena limpieza. El eléctrico está más indicado para las personas que tienen poca voluntad y les cuesta cepillarse. La única precaución que habría que tener es que el niño se entrene a usarlo primero con los incisivos centrales y que no continúe con los otros hasta que tenga práctica. El hilo dental es imprescindible porque evita que la placa se acumule en los espacios interdentarios, inalcanzables para el cepillo, donde aparecen caries difíciles de descubrir.
Interesantes, pero no imprescindibles, son los elixires y el revelador de placa. Los elixires para después del cepillado tienen contenidos variables de flúor, que remineralizan el esmalte, y antisépticos para evitar la presencia de organismos en la boca, y dejan un sabor muy agradable. Más recomendables aún resultan los colutorios morados, que deben usarse a partir de los seis años en forma habitual. Respecto a los reveladores de placa, son colorantes alimenticios, inofensivos y ayudan al niño a aprender a lavarse bien.

¿Cómo tiene que ser el cepillado correcto?
Lo principal es que los niños utilicen el cepillo en todas las caras de las piezas dentarias, comenzando por las arcadas superiores, en el siguiente orden: parte externa, interna y triturante. Después se pasa el hilo por los espacios interdentarios. Si los padres no tienen tiempo
para vigilar a los niños en la limpieza de los dientes, es preferible un solo cepillado exhaustivo por la noche antes que dos o tres mal hechos. Ahora I bien, después de la limpieza no deben comer ni tomar nada, ni siquiera un medicamento.

¿Son útiles y eficaces los selladores?
El 50 por ciento de las caries aparecen en los surcos y fisuras de las superficies triturantes de los molares. Estas alojan placa bacteriana y son difíciles de limpiar. El sellado consiste en una resina fluida que luego se endurece y rellena estos surcos sin causar molestias.

Cuando el niño tiene surcos profundos o es propenso a las caries, se pueden emplear ya en los dientes de leche. Pero cuando erupciona la muela de los seis años, son fundamentales: ésta es la primera en aparecer, y por lo tanto la que más pronto se pierde. La mayoría de los niños deberían llevar selladores de dientes.

¿Qué trastornos surgen en los primeros dientes?
Los odontólogos vemos muchas caries en los dientes de leche. Son frecuentes en los pequeños que tienen una alimentación desequilibrada, con exceso de azúcares, y en los niños a los que han puesto azúcar o miel en el chupete. También suelen sufrir este problema los chicos con enfermedades crónicas, que toman jarabes, pues estas sustancias suelen tener mucho azúcar (cuando un niño toma un medicamento de este tipo, debería lavarse los dientes a continuación).
Las hipoplasias de esmalte (motitas, rugosidades, etc.) tampoco son raras. Se deben a enfermedades intrauterinas o posteriores al nacimiento y son puntos débiles donde pueden aparecer caries con mayor facilidad. Estas deben tratarse sin pérdida de tiempo porque, si se mantuvieran, podrían llegar a afectar al germen del diente definitivo y dañarlo.
Otras malformaciones relacionadas con el tamaño, la forma, la cantidad y la posición de las piezas dentarias no son tan habituales y conviene corregirlas para que éstas cumplan su función hasta que aparezcan las definitivas.

¿Y los más frecuentes en los definitivos?
La palma se la lleva la caries, pero también son muchos los niños que sufren gingivitis (inflamación de la encía) e incluso periodontitis (inflamación del ligamento periodontal). La mayoría de las veces están ocasionadas por falta de higiene y, en ocasiones, por un trastorno inmunológico.
La pérdida prematura de piezas de leche, algo muy habitual, tiene a veces como consecuencia una mala posición de los dientes definitivos. Este problema se corrige con tratamientos ortodóncicos, que son muy variados y se eligen en función de cada trastorno. Todos deben ser tratados, y no sólo por cuestiones estéticas; también porque es necesario que los dientes engranen correctamente para desempeñar su función.

¿Qué se debe hacer cuando un niño se rompe un diente?
Si la pieza se ha salido del alvéolo, hay que envolverla en una gasa, limpiándola un poco (¡esto es importante: no hay que lavarla!) y acudir al odontólogo urgentemente. En ocasiones se puede volver a reimplantar.
También se tiene que consultar de inmediato si el niño se rompe un trozo de diente. El odontólogo reconstruirá la pieza, pero hará antes radiografías para detectar si se han producido fracturas internas. Lo que nunca se debe hacer es dejar al niño con la pieza rota: podría dar lugar, en el futuro, a malas posiciones de los dientes que lo rodean.

Juan Carlos Chudovsky Odontólogo



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